dimecres, 7 de desembre de 2016

Los planes fiscales de Trump favorecen a los ricos

Reformas bien diseñadas que no aumenten ni reduzcan los ingresos fiscales podrían contrarrestar los notables aumentos de la desigualdad que se han producido a lo largo de una generación, reparar un sistema fiscal para las empresas que la globalización ha vuelto disfuncional, reducir la incertidumbre y promover el crecimiento. Por desgracia, según lo que han declarado el presidente electo Donald Trump y los líderes del Congreso, el nuevo Gobierno de EEUU corre el riesgo de aprobar el conjunto de cambios fiscales más perjudicial de la historia del país. Las propuestas presentadas durante la campaña presidencial y confirmadas la semana pasada por Steven Mnuchin, el hombre elegido por Trump para el cargo de secretario del Tesoro, favorecerán en gran medida al 1% de los estadounidenses que más dinero gana, incrementarán enormemente la deuda federal, complicarán el código tributario y harán poco o nada para estimular el crecimiento.

Un principio fundamental aceptado por todos en 1986 fue que la reforma no reduciría la carga impositiva a los contribuyentes con altos ingresos. Reagan logró este objetivo al rebajar los tipos marginales máximos porque aumentó los impuestos sobre las ganancias de capital, redujo los incentivos a la inversión, subió el impuesto de sociedades, redujo los refugios fiscales y mantuvo los tipos impositivos sobre el patrimonio y las donaciones. Por desgracia, ni el plan de Trump ni el propuesto por Paul Ryan, el presidente de la Cámara de Representantes, contemplan una ampliación de la base impositiva suficiente para financiar todo el recorte fiscal pretendido a los tramos más altos.

Mnuchin afirma que no habrá un recorte de impuestos absoluto para la clase alta porque se reducirán las deducciones. El problema es que eliminando totalmente las deducciones para las personas con unos ingresos de más de 1 millón de dólares no se conseguirá dinero suficiente ni siquiera para cubrir los ingresos perdidos por la reducción de su tipo impositivo marginal del 39% al 33%, y mucho menos para compensar el dinero no recaudado por las grandes reducciones del impuesto de sociedades y de los impuestos sobre los ingresos corporativos, y por la eliminación de los impuestos sobre el patrimonio y sobre las donaciones.

El equipo de Trump estima que su plan incrementará en un 14% (en más de 215.000 dólares) los ingresos medios después de impuestos del 0,9% de la población con unos ingresos de más de 1 millón de dólares. Esto contrasta con los recortes de impuestos propuestos para las personas de clase media, que serán de 1.000 dólares, alrededor del 2%. La derogación de los impuestos sobre el patrimonio y sobre las donaciones es especialmente problemática porque permitirá que los muy ricos usen estructuras de donaciones y fideicomisos para asegurarse de que su riqueza pase no sólo a sus hijos, sino también a sus nietos y bisnietos, sin pagar impuestos, con independencia de la legislación posterior.

La reforma tributaria de Reagan simplificó el código al eliminar la necesidad de reglas que distinguieran los ingresos ordinarios de las ganancias de capital, ya que éstas se gravaban al mismo tipo impositivo, y al eliminar las provisiones de refugio específicas para la industria. Por el contrario, la propuesta de Trump crea oportunidades de refugio reduciendo al 15% el tipo impositivo sobre cualquier ingreso que se pueda demostrar que procede de una entidad constituida (es decir, de una empresa).

En lugar de reducir los subsidios selectivos, se establecería un crédito altamente dudoso del 82%, el más alto del mundo, para las inversiones de capital financiero en infraestructuras. Esto implicaría reducciones fiscales desproporcionadas para los más ricos, cuyos ingresos han sido los que más han aumentado durante la última generación, y además alteraría gravemente las previsiones del presupuesto federal.

El recorte de impuestos previsto por Trump es aproximadamente de la misma magnitud en relación con la economía que el de Reagan en 1981. Pero hay que recordar que Reagan, que no era partidario de invertir el rumbo ni de aumentar los impuestos, consideró necesario proponer aumentos significativos de impuestos en 1982 y 1984 (por un importe equivalente a 3,5 billones de dólares en diez años en la economía actual) debido a las preocupaciones sobre la deuda federal. La situación presupuestaria actual es mucho más preocupante, ya que los niveles de deuda y déficit son mucho más altos. Entonces, la economía estaba sufriendo una profunda recesión; ahora se acerca al pleno empleo. Si en los próximos meses se aprueban estos recortes fiscales extremos, la incertidumbre sobre el presupuesto federal y sobre la implantación de ajustes fiscales adicionales es probable que aumente.

Por último, no puedo encontrar ninguna base económica ni lógica que respalde la afirmación de Mnuchin de que las reformas propuestas incrementarán la tasa de crecimiento económico del 2% actual a la cifra media histórica del 3%-4%. El crecimiento de la población adulta se ha ralentizado en casi un punto porcentual, las ganancias generadas por el aumento del número de mujeres que han entrado en el mercado laboral se han agotado y no está nada claro por qué razón va a suponer la reforma tributaria un enorme estímulo para la productividad.

De hecho, debido a que la propuesta de Trump redistribuiría los ingresos después de impuestos favoreciendo a los que es más probable que los ahorren, haría subir los tipos de interés a largo plazo por las presiones de la deuda e incrementaría la incertidumbre y las ventajas de la producción en el extranjero, hay las mismas probabilidades de que frene el crecimiento como de que lo acelere. En la década de 1980, el secretario del Tesoro Don Regan dijo que la primera propuesta de reforma de Reagan estaba escrita en un procesador de textos como muestra de la apertura de su Gobierno a la negociación y a cambios radicales. Todos deberíamos esperar que la Administración Trump siga los principios de política tributaria y el enfoque de la negociación bipartidista de Reagan, informa El Economista.

EEUU en lucha por un salario mínimo de 15 dólares/hora

Siete manifestantes fueron arrestados el martes por la mañana en Houston (Texas) cuando trataban de bloquear una carretera durante una manifestación en apoyo a un salario mínimo de 15 dólares por hora (unos 15 euros; 1.0624 $/€ cambio dólar a euro). La sucursal de Texas del sindicato Service Employees International Union respaldó el evento de Houston, que fue parte de un día de acción a nivel nacional.

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