dilluns, 20 de març de 2017

Fillon, ese embustero aristócrata nazicatólico y ricachón

El 27 de noviembre de 2016, hace menos de cuatro meses, François Fillon arrasó en las primarias de la derecha. Se le veía ya como nuevo presidente de Francia. Ofrecía un programa de sacrificios, despidos y recortes pero tenía autoridad para hacerlo, dijeron los analistas, porque era un hombre austero, sencillo, fiable, decente. "Nadie puede dudar de mi honestidad", decía él mismo. Se sentía "adoptado" por los monjes benedictinos, ora et labora, cuyo monasterio se alzaba cerca de su casa de Solesmes, un simpático pueblecito junto al río Sarthe. Era un humilde católico de provincias, un hombre familiar, un tipo honrado. Invocaba en cada discurso al mítico general Charles de Gaulle, el fundador de la Quinta República, tan legendariamente probó que pagaba de su bolsillo cada cena privada que consumía en el palacio presidencial del Elíseo.

La farsa funcionó por poco tiempo. Lo que tardó el semanario satírico Le Canard enchaîné en revelar unos cuantos escándalos y lo que tardó la gente en recordar que François Fillon era François Fillon. Ese mismo al que Jacques Chirac despreciaba por "hipócrita y blandengue". Ese al que Nicolas Sarkozy mantuvo como primer ministro durante todo su mandato porque se dejaba humillar y al que definió con tres adjetivos rotundos: "Cobarde, embustero y avaricioso". Fillon era el Fillon de siempre, un político ávido de lujo y dinero. Bastaba con hacer memoria.Para empezar, la casa de Solesmes.

Todos los franceses habían visto esa modesta residencia rural, llamada en realidad castillo de Beaucé. La revista Paris Match publicó un amplio reportaje sobre la familia Fillon y su castillo el 29 de agosto de 2013: un edificio del siglo XIV con torreón del siglo XV y capilla del siglo XIX, incluido en el catálogo de bienes culturales, con 1.107 metros cuadrados de residencia señorial más 1.062 metros cuadrados de dependencias, 14 dormitorios, dos bibliotecas, cuadras, perreras, 12 hectáreas de parque... Los Fillon lo adquirieron en 1993 por 2,5 millones de francos, unos 400.000 euros, y gastaron al menos otro tanto en remozarlo. Y en comprar los caballos de competición que le gustaban a Penelope Clarke, la esposa, originaria de Gales. Algunos se preguntaban cómo había podido François Fillon hacer frente a esos gastos, con los 7.100 euros mensuales brutos que cobra un diputado. Ya conocen gran parte de la respuesta: gracias a los 900.000 euros que su esposa, Penelope, cobró entre 1986 y 2013 como supuesta asistente parlamentaria.Fillon acaba de ser imputado por malversación de fondos públicos y su esposa lo será próximamente.

El empleo ficticio de Penelope Fillon llevó al máximo todos los abusos posibles. Primero, porque cuando Fillon fue nombrado primer ministro y dejó su escaño a un suplente, el sueldo mensual de Penelope se multiplicó por dos y subió hasta 6.009 euros mensuales netos. ¿Razón? Cuando los parlamentarios emplean a un familiar, existe un tope salarial; cuando no se trata de un familiar, no hay tope. Se puede exprimir al máximo la caja pública. Segundo, porque Penelope Fillon fue despedida, con la indemnización correspondiente, en 2013. ¿Razón? A partir de ese año, los parlamentarios estaban obligados a publicar los nombres de sus colaboradores. Y ciertas cosas no debían saberse.Los gustos inmobiliarios de la familia Fillon, muy partidaria de la amplitud, ya suscitaron comentarios en 2007, cuando el austero y sencillo caballero de provincias se instaló en el palacio de Matignon, residencia oficial del primer ministro. Se trata de una mansión que ocupó Napoleón y cuenta con el mayor parque privado de París: nunca nadie se había quejado de sus características.

Los Fillon lo hicieron. Sus habitaciones privadas ocupaban sólo 90 metros cuadrados, algo inadmisible para la pareja (los cinco hijos se quedaron en el castillo de Beaucé o siguieron en sus pisos particulares), por lo que la zona se amplió hasta los 310 metros cuadrados. El coste total de la reforma nunca se supo: Fillon tuvo la astucia de distribuir los gastos por ministerios, igual que los sueldos de sus casi cien colaboradores. Sí se supo, al final del quinquenio, que Fillon había gastado más en obras y actos representativos que el mismísimo presidente Nicolas Sarkozy, casado con una antigua supermodelo y apodado Bling bling por su afición a los dorados, los dólares y las fiestas.Nadie ignoraba, por tanto, que Fillon podía ser muchas cosas, pero no austero. Y, sin embargo, durante unas semanas convenció a bastante gente de que lo era. Milagros de la comunicación política.

Los franceses han descubierto últimamente muchas otras cosas. Le Journal du dimanche reveló que alguien, anónimo de momento, había regalado a Fillon varias prendas de ropa de la prestigiosa sastrería Arnys, por un importe de 48.500 euros. Entre las prendas, dos chaquetas, de 6.500 euros cada una. A raíz de esa noticia, los dueños de Arnys confirmaron que François Fillon era cliente de toda la vida y que compraba allí sus trajes, siempre a medida. Al menos 6.000 euros por unidad. Cada uno compra su ropa donde quiere, pero surge de nuevo la pregunta: ¿cómo se paga eso con un salario público?Otra respuesta: gracias a una consultoría. Fillon creó 2F Conseil en 2012, después de dejar el cargo de primer ministro y sólo diez días antes de ser elegido diputado por la segunda circunscripción de París. Esos diez días tienen su importancia. Los diputados no pueden fundar consultorías.

Sin embargo, pueden mantenerlas si ya las tenían antes de la elección. Entre los clientes de 2F Conseil figuran tres grandes amigos de Fillon: el magnate Henri de Castries, principal accionista de la aseguradora AXA (cuyos seguros médicos se verían muy beneficiados si se aplicaba la privatización parcial de la sanidad que Fillon incluyó en su programa); Marc Ladreit de Lacharrière (holding Fimalac), que durante 20 meses pagó 5.000 euros mensuales a Penelope Fillon como presunta "asesora literaria", y el multimillonario libanés Fouad Makhzoumi, primer fabricante mundial de oleoductos. 2F Conseil le reporta a Fillon, en promedio, unos 20.000 euros mensuales desde su fundación.Dentro de su política familiar, Penelope no es la única agraciada por el candidato Fillon. La hija Marie, entonces estudiante de Derecho, fue contratada también como asistente parlamentaria entre octubre de 2015 y diciembre de 2016, aunque de los 46.000 euros percibidos ingresó 33.000 en la cuenta corriente de sus padres: tenía que devolver lo que le prestaron para casarse. Otro hijo, Charles, también fue contratado entre enero y junio de 2007, por 4.846 euros mensuales, de los que pagaba 1.500 a su padre "en concepto de alquiler". Todo quedaba en casa.

La vida, sin embargo, no se reduce a castillos, dinero público y trajes a medida. Hay otras cosas. Como los aviones privados. A François Fillon le entusiasman. Su devoción por ese medio de transporte se hizo patente el 9 de junio de 2007, cuando llevaba unas semanas en el cargo de primer ministro y se inauguró el tren de alta velocidad entre París y Estrasburgo. A los periodistas invitados al primer viaje se les dijo que Fillon viajaba en el vagón número 11 y que se reuniría con ellos cuando llegaran a Estrasburgo. Era falso. Fillon fue a Estrasburgo en un jet Falcon de la República, a cargo del contribuyente.Ya estaba habituado. Como primer ministro, cada fin de semana volaba desde París hasta un aeródromo cercano a su castillo de Solesmes, donde le recogía su coche oficial: el chófer hacía en solitario el trayecto por carretera. Solesmes está a 230 kilómetros de París.

El viaje en tren de alta velocidad dura 80 minutos y cuesta, en primera clase, 79 euros. Fillon jamás utilizó el tren, "para no incomodar a otros viajeros con medidas de seguridad". Sus vuelos de fin de semana costaban al contribuyente 1,3 millones de euros anuales. A sus vecinos de Solesmes no les extrañaba lo del avión. "Cuando era ministro venía en helicóptero, tenía que notarse que le habían ascendido", dijo uno de ellos a la revista Marianne.En 2006, François Fillon fue invitado a la convención que el Partido Popular realizó en Madrid. La factura de su vuelo en Falcon fue de 14.000 euros. Poco después alcanzó cierta celebridad otra factura de 6.400 euros por un vuelo en Falcon entre Grenoble y París: Fillon quiso hacer escala en el circuito automovilístico de Le Mans.

Eso también le gusta mucho a François Fillon: pilotar bólidos. Su abuelo fue un gran mecánico y uno de los propietarios del famoso circuito de Le Mans, y el joven François se aficionó enseguida a las carreras. Es un buen piloto. Aún compite, pero sólo en pruebas con vehículos clásicos. Volvamos a las preguntas: ¿cómo un diputado, o un primer ministro, puede permitirse sentarse a los mandos de un Ferrari? Sencillo: siendo amigo del que fue presidente de la empresa automovilística, Luca Cordero di Montezemolo, y siendo amigo del que fue mítico jefe de la escudería de Fórmula 1 del Cavallino, Jean Todt. Cordero di Montezemolo no sólo le ha prestado algún Ferrari para correr en los circuitos, también le invita de vez en cuando a su yate para navegar en torno a Capri.

Jean Todt, por su parte, le ha conseguido otra cosa: un puesto entre los 15 miembros del Senado de la Federación Internacional de Automovilismo. Junto a Fillon pertenecen a ese selecto grupo personas como el magnate mexicano Carlos Slim o el príncipe Feisal al Hussein de Jordania. Se trata de una especie de comité consultivo y Jean Todt (al que Fillon condecoró cuando fue primer ministro, quid pro quo) se empeña en subrayar que sus miembros no cobran ningún sueldo, sólo dietas y gastos de desplazamiento. Es cierto. También es cierto que sus miembros pueden acudir, con todos los gastos pagados, a cualquier competición en cualquier lugar del mundo. Y que su influencia es enorme.

En fin. Este es François Fillon, el candidato de Los Republicanos, el gran partido de la derecha francesa, a la presidencia de la República. Este es el hombre riguroso y austero, de honestidad intachable, cuyo programa incluye reducir en 500.000 el número de funcionarios, ampliar la jornada laboral, retrasar la edad de jubilación y desplazar hacia el sector privado parte de la cobertura médica de la Seguridad Social. Resultó que tenía razón Sarkozy, al menos en parte: ha demostrado ser un embustero (prometió públicamente que retiraría su candidatura si era imputado, y no lo ha hecho) y avaricioso, informa El Mundo.

Pese a los fraudes, las mentiras y los gastos faraónicos, su partido no ha conseguido forzar su renuncia. Cuenta con la legitimidad electoral de las primarias. Y, sobre todo, pese a su descenso en los sondeos, cuenta con la fidelidad de un 20% del electorado. Los suyos, el sector más católico y tradicionalista de la derecha, colindante con el Frente Nacional, están dispuestos a seguirle hasta el fin. Los cinco puntos de ventaja que le llevan la ultraderechista Marine Le Pen y el centrista Emmanuel Macron aún pueden recortarse. Fillon puede aún ganar. La hipocresía política y la demagogia tienen muchos adeptos entre el nazicatolicismo francés.

Imputado Fillon por malversación de fondos públicos

El candidato conservador a la presidencia francesa, François Fillon, ha sido imputado este martes por malversación de fondos públicos, entre otros cargos, en relación con el caso de los supuestos empleos falsos atribuidos a su esposa e hijos, conocido como Penelopegate. Fillon compareció hoy de forma imprevista ante los jueces de instrucción, ya que estaba previsto que lo hiciese mañana, un adelanto “para poder hacerlo en condiciones de serenidad”, dijo a los medios franceses el abogado del candidato, Antonin Lévy.

El muerto en Orly había consumido drogas y alcohol

El hombre abatido este sábado en el aeropuerto parisiense de Orly tras haber atacado a una militar había consumido drogas y alcohol, tal y como ha revelado la autopsia, indicaron fuentes judiciales. Los análisis toxicológicos a los que fue sometido el cadáver revelaron que en su sangre había restos de cannabis y cocaína, además de 0,93 gramos de alcohol por litro de sangre. La investigación del caso, encargada a la sección antiterrorista de la Fiscalía de París, se centra en tratar de determinar los motivos por los que Ziyed Ben Belgacem cometió los hechos.

España asume que el Sáhara no pertenece a Marruecos

Tres meses después de que la Corte de Justicia de la Unión Europea fallara que el Sáhara Occidental no forma parte de Marruecos, el Gobierno de Rajoy asume por fin el veredicto y espera a ver cómo reaccionará el monarca alauí sabiendo de antemano que su pronunciamiento disgustará a la tiranía de Rabat y esperando represalias. El ministro de Asuntos Exteriores del PP, Alfonso Dastis, viajó a Rabat el 13 de febrero y no quedó clara su postura sobre la sentencia en una comparecencia ante la prensa en la que no admitió preguntas. La sentencia, dijo Dastis, “abre un interrogante”. “Confiamos en que vamos a encontrar esa solución para que Marruecos siga siendo socio privilegiado de la Unión”, añadió. ¿Son marroquíes los productos del Sáhara?, le insistió el periodista. “En eso estamos, habrá respuesta”, contestó. “Todavía no tiene respuesta, pero la habrá”, concluyó de forma evasiva.

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