dilluns, 3 d’abril de 2017

Sareb pierde 3.200 millones, 45% a cargo de los contribuyentes

Sareb, el banco malo semipúblico que se quedó con el crédito promotor y los inmuebles de las cajas rescatadas tras ser saqueadas por la mafia fascista del PP-PSOE, acumula unas pérdidas desde su nacimiento en 2012 de 3.186,5 millones de euros, según la documentación oficial de la sociedad. Estas pérdidas están influidas por los constantes cambios normativos y reformulaciones de los resultados de ejercicios anteriores, pero detrás subyace la realidad de que, cinco años después de su creación, no consigue vender sus activos por encima del valor al que fueron traspasados. El Estado, a través del FROB, posee el 45% del capital, y asume ese porcentaje del citado quebranto que pagan, como siempre, los trabajadores con su contribución.

En 2016, el fondo público de rescate bancario se anotó una minusvalía de 415 millones por la reducción a cero del capital de Sareb para absorber las pérdidas acumuladas hasta entonces, y tuvo que transformar su deuda subordinada en acciones. La buena noticia es que el enésimo cambio de la norma contable del banco malo evita que los contribuyentes tengamos que poner más capital aunque las pérdidas continúen en el futuro.

Es complicado calcular las pérdidas acumuladas por Sareb, porque la sociedad las oculta en diferentes documentos. Con los resultados de 2015, reformuló los de años anteriores para llevar las pérdidas de ese ejercicio hacia atrás (eso es lo que le permitió dar un beneficio contable de 300.000 euros), de forma que el quebranto final de 2013 se elevó a 1.609 millones y el de 2014, a 804. Así se refleja en la página 63 de la memoria de 2015. La semana pasada presentó las cuentas de 2016 con una pérdida de 663 millones, en las que a su vez "reexpresó" las cuentas de 2015, que pasan a registrar un quebranto de 105 millones. Finalmente, si sumamos los 5,5 millones que perdió en su año de arranque, 2012, tenemos que el banco malo acumula unas pérdidas totales de 3.186,5 millones.

Con esta carrera, no es de extrañar que el presidente de Sareb, Jaime Echegoyen, haya reconocido que la sociedad será incapaz de dar a sus accionistas (el Estado, los bancos sanos salvo BBVA, y algunas aseguradoras y empresas) la rentabilidad del 14% anual que prometía el plan de negocio elaborado por KPMG, por muy bien que le vayan las cosas en los 10 años que le quedan de vida. "Es imposible que nosotros demos un 14% con la composición de balance que hoy por hoy tenemos, salvo que cambie mucho la situación económica. No nos hace falta tampoco dar esa rentabilidad. Es mejor que nos olvidemos de ello", dijo Echegoyen en la presentación de las cuentas de 2016.
Es verdad que el banco malo ha sufrido grandes bandazos en su normativa contable.

En sus dos primeros ejercicios, Sareb estuvo sujeta a directrices provisionales del Banco de España que la obligaron a devaluar los préstamos participativos (en 2013) y los de empresas en concurso que no contaban con garantía real (en 2014). Por fin, en 2015 se aprobó la circular que regula su contabilidad, que está a medio camino entre la de un banco y la de una inmobiliaria. La gran novedad de esa norma era que obligaba al banco malo a tasar anualmente todos sus activos a precio de mercado. Y dado que el traspaso de los activos en 2012 se hizo muy por encima de su valor real (como denunció la Comisión Europea en su día) y que el mercado inmobiliario español apenas se ha recuperado en estos cinco años, eso significa asumir fuertes pérdidas cada año.

Estos constantes cambios regulatorios son ajenos a Sareb, presidida inicialmente por Belén Romana, que dimitió el 26 de enero tras enfrentarse con la cúpula de Sareb —que había renunciado en bloque— y con el gobernador del Banco de España, Luis Linde. Su puesto fue ocupado por el hasta entonces consejero delegado, Echegoyen. Pero también es cierto que sus gestores han sido muy aficionados a la 'contabilidad creativa' para disfrazar en lo posible la mala evolución de la sociedad. El primer gran ejemplo fue el famoso derivado de tipos de interés para cubrirse de posibles alzas del euríbor (justo lo contrario de lo que ocurrió) que le costó 3.000 millones, como denunció El Confidencial, y que Sareb decidió que no hacía falta contabilizar. Si lo hubiera hecho, habría entrado en patrimonio neto negativo.

Otra práctica habitual para maquillar las cuentas ha sido la de apuntarse como beneficio los créditos fiscales —el derecho a no pagar impuestos en el futuro por las pérdidas sufridas—, algo que lleva haciendo desde 2013. Pero el gran artificio tuvo lugar en el cierre del ejercicio 2015, cuando tuvo que aplicar la nueva circular y, aparte de meter unos impuestos negativos (cobra de Hacienda en vez de pagarla) de 472,7 millones, el mismo importe de las pérdidas, trasladó el grueso de las provisiones de la retasación de activos a los años 2013 y 2014 —cuyas cuentas reformuló para incrementar las pérdidas—. Así, por arte de la magia contable, un agujero de 3.012 millones se convertía en... ¡un beneficio de 332.000 euros!

Esta cifra ha vuelto a ser "reexpresada" como una pérdida de 105 millones con los resultados de 2016, como se ha dicho. En todo caso, se atribuyan a uno o a otro ejercicio, las pérdidas están ahí, por lo que la sociedad se ha 'comido' todo su capital inicial y ha convertido en acciones la deuda subordinada, que fue el instrumento a través del que realizaron el grueso de su inversión los bancos sanos al tener, en teoría, menos riesgo de pérdida. Estas entidades se han resignado a dar por perdido todo ese dinero (y dan la razón implícitamente al BBVA cuando decía que "no salían los números"), pero el año pasado pusieron pie en pared y se negaron a aportar más.

Para contentarlas (y para evitar que el FROB siguiera perdiendo dinero en Sareb), Luis de Guindos hizo el triple salto mortal contable sin red a finales del año pasado con un decreto que otorgaba dos grandes ventajas para la sociedad: no debe reconocer las pérdidas latentes en la cuenta de resultados ni tampoco en el capital —en 2016, ha admitido que son de 3.389 millones—, y estas pueden compensarse en el balance con las provisiones dotadas en años anteriores. En la práctica, esto evita que el Estado y los bancos tengan que poner más capital. Incluso si las pérdidas llevaran a Sareb a tener patrimonio neto negativo, cosa nada descartable a este paso, no entraría en causa de disolución.

Pero por más maquillaje y artificios que se utilicen, la realidad es tozuda: el banco malo sigue perdiendo dinero porque el Gobierno y el Banco de España decidieron traspasar el ladrillo de las cajas muy por encima de su valor real para no incrementar las pérdidas de las entidades y, en consecuencia, el dinero público necesario para su rescate; y porque el mercado no permite venderlos todavía por encima de ese valor. En algunos casos, eso nunca será posible, como los préstamos sin garantía inmobiliaria o aquellos en que Sareb no es el primero de la fila para cobrar (de ahí viene el grueso de la pérdida de 663 millones de 2016). En otros, es de esperar que se revaloricen con el tiempo; y aquí las grandes provisiones dotadas son positivas, porque, al bajar su valor en libros, maximizan el beneficio futuro de su venta.

Eso es un futurible deseable por la cuenta que nos tiene a todos los contribuyentes. Pero, de momento, las cifras le dan la razón a aquel antiguo profesional de Álvarez & Marsal que dijo que "queríamos diseñar un transatlántico pero nos salió un botijo". Y eso que se podía haber vendido en bloque a los chinos; Belén Romana no se lo tomó en serio, informa El Confidencial.

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