dijous, 1 de juny de 2017

El panfleto nazicatólico de Bergoglio que justifica a sus pederastas: 'Le perdono, padre'

El cura capuchino Joël Allaz, como tantos otros mafiosos degenerados de la secta criminal vaticana, abusó sexualmente de un niño durante cuatro años, cada semana, y ese niño, que entonces tenía ocho años, ha escrito un panfleto financiado por la propia secta en que Daniel Pittet no ajusta cuentas con su verdugo, sino todo lo contrario: Le perdono, padre supone una absolución del violador y de todos los pederastas de la Iglesia católica, que trata de limpiar su imagen criminal con esta porquería indecente y el soborno a la entonces víctima y hoy un pederasta más. Prologado por el fascista e hipócrita Bergoglio, protector de abusadores y criminales como sus predecesores pero con un discurso que realza aún más su inagotable falsedad, y el epílogo del cura pederasta que violó a Pittet unas doscientas veces y abusó de más de 150 menores y fue transferido a otras diócesis francesas, donde continuó las agresiones sexuales con toda impunidad hasta hoy. La policía difundió en su día que Allaz había abusado de 24 niños en Suiza y en Francia entre 1958 y 1995. “Muchas personas no pueden comprender que no le odie”, escribe el asqueroso y servil Pittet. “Le he perdonado y he construido mi vida sobre este perdón”.

La editorial y la Iglesia han vendido como una “manifestación sincera de sus actos” la entrevista al violador, quien responde: “No puedo pagar la deuda contraída con mis víctimas. Procuro, cuando es posible, encontrar soluciones. Por esta razón acepté testificar en el libro de Daniel”. Allaz también asegura que ya no siente "ese tipo de impulso" que le llevó a destrozar la vida de decenas de personas. Pero sus cientos de víctimas no opinan, solo los degenerados a sueldo de la repugnante mafia vaticana.

El fascista ergoglio que se lamenta en público de los casos de pederastia pero los protege y esconde en realidad, vomita en el prólogo: "En la desgracia, ha podido encontrar otra cara de la Iglesia, y eso le ha permitido no perder la esperanza en los hombres y en Dios. Nos habla también de la fuerza de la oración, que nunca abandonó y que lo confortó en las horas más oscuras”. También hace referencia al encuentro de la víctima con su verdugo cuarenta años después. “El niño herido es hoy un hombre en pie, frágil pero en pie”. La justificación de un crimen horrendo en boca del mayor degenerado e hipócrita capo mafioso del mundo.

Daniel Pittet fue bibliotecario en Friburgo, la ciudad suiza donde sufrió los abusos, aunque su salud “frágil” le ha impedido trabajar. Ha sufrido depresiones. La propaganda católica destaca que, a pesar de las violaciones, “mantuvo la fe”. El pontífice le agradece sus palabras, porque “derriban el muro de silencio” y alumbran “una zona terrible en la vida de la Iglesia”. Una voladura controlada: borrón y cuenta nueva. “[Testimonios como el suyo] abren el camino a una reparación justa y a la gracia de la reconciliación, y también ayudan a los pedófilos a tomar conciencia de las terribles consecuencias de sus acciones”.

Por su parte, el autor se centra en el “perdón” y en la “capacidad de resistir y de soportar”. De hecho, la propaganda católica ha vendido su traumática experiencia como una “historia de superación” e incluso como una “historia de sanación”. En el libro afirma que “aquello que te destruye es el primer acto de abuso, uno ya es demasiado”. También recuerda que, cuando tenía doce años, durante la misa de la Anunciación el violador “hacía llorar a los fieles”, al tiempo que lo violaba a él desde hacía cuatro años. “Aquel día decidí perdonarle todo el mal que me había hecho”, escribe.

El degenerado lameculos Pittet afirma que estuvo a punto de profesar los votos tras su paso por la abadía benedictina de Einsiedeln, asegura que le han escrito “muchísimas víctimas de varios países” y le "confiesan sus sufrimientos”. Por ello, cree que el libro “podrá ser muy útil a muchos y tendrá un fuerte impacto en quienes viven este problema”. Según él, hay que tomarse el título al pie de la letra: Le perdono, padre. “No siento ni respeto ni compasión por mi verdugo. Lo he perdonado. Hoy soy libre”. Es decir, no denuncien a los criminales, sometanse y aún aplaudan al degenerado como lo hace la canalla jerarquía de malnacidos fascistas vaticanos.

El libro, que será presentado hoy en Madrid por el presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, describe como Joël Allaz se valió de su condición de cura para engañar a un niño y violarlo repetidas veces. El siguiente fragmento, al igual que las anteriores citas, es una traducción de la edición italiana: “Todos los sábados por la mañana iba a limpiar la iglesia, cuando un día —tenía ocho años— un sacerdote capuchino se me acercó sonriendo: Escucha, niño, tengo un mirlo que habla y canta. Si quieres verlo, vente a las dos”.

El crío le pidió permiso a su abuela, quien le respondió: “Sí, vete, es una buena oportunidad para ti, un capuchino, maravilloso”. Allí fue. Había un pájaro. Escuchó su canto. “Luego nos metimos en su habitación, me pidió que lo besase y me violó”. Daniel ha perdonado a aquel sacerdote y la Iglesia se hace eco de su compasión, aunque no ha especificado si el perdón también se extiende a la cúpula vaticana, que ha encubierto y encubre con toda su repugnante hipocresía miles de casos de curas pederastas en todo el mundo, cimentada en la mentira y el crimen, informa Público.

"Hoy, en 2017, la Iglesia protege y defiende la pederastia"
Hace dos años, Emiliano Fittipaldi fue el primer periodista, junto a Gianni Nuzzi, en sentarse ante un tribunal vaticano, acusado de la filtración de documentos conocida como Vatileaks II, y que acabó con la condena del español Lucio Vallejo Balda. El vaticanista había publicado Avarizia, donde recogía parte de la documentación robada a la Santa Sede. Durante las sesiones del juicio, "varios monseñores me seguían y me daban información. Alguno, incluso, en los baños vaticanos". En esta ocasión le han dado información sobre la otra gran lacra que azota a la Iglesia católica: la pederastia. A partir de esos documentos, y tras intentar recabar infructuosamente las "versiones oficiales", Fittipaldi publica Lujuria (Foca), en la que denuncia que "para Francisco, la lucha contra la pederastia no es una prioridad. Benedicto hizo algo para cambiar las cosas. El papa Francisco no ha hecho nada aún".

La monja y los curas violadores confían en la Iglesia para salir impunes
El arresto de una monja católica en Argentina, acusada de ser partícipe necesaria de abuso sexual con acceso carnal y corrupción de menores, niños y niñas sordos, en el Instituto Próvolo de la provincia de Mendoza, se perfila como la punta de un iceberg que intenta ocultar un nuevo escándalo de pedofilia y complicidades dentro de la Iglesia católica.

Los aberrantes delitos sexuales de los Hermanos Misioneros
Bergoglio, el capo fascista de la secta criminal nazicatólica vaticana, está haciendo el ridículo en Fátima pero no irá a limpiar su pocilga en Vigo, como no condena ni aparta de la secta a sus delincuentes y criminales. Ya lo advirtió el comisionado del arzobispado de Barcelona, Ramón Batlle, cuando visitó hace unos meses la mansión en Vigo de los Hermanos Misioneros de los Enfermos Pobres, una congregación intervenida por sucesivos escándalos económicos: “Se han detectado otras irregularidades que pueden ser constitutivas de delito”, informó el pasado 1 de marzo.

Vídeo completo de “No abusarás. El mandamiento negado en la Iglesia de Francisco”
El documental argentino “No abusarás. El mandamiento negado en la Iglesia de Francisco”, que revela la política hipócrita y la complicidad del Estado del Vaticano en el encubrimiento de las denuncias contra los sacerdotes que cometieron abusos sexuales contra niños y adolescentes. En apenas media hora, el documental No Abusarás expone no sólo los testimonios de víctimas que fueron sometidas a vejaciones sexuales por parte de curas, sino que se adentra en los mecanismos de doble filo desplegados por los altas jerarcas de la iglesia, con el papa Francisco a la cabeza, para que las denuncias no lleguen a la justicia y así no tengan repercusión pública.

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