dilluns, 18 de setembre de 2017

Dictaduras y nobeles de la paz, dos caras falsas del imperialismo

Las limitaciones y discriminación sistemáticas contra la minoría musulmana rohingya en Myanmar (Birmania) empezaron a inicios de los 60, justo después de que el general Ne Win llegara al poder, a través de un golpe militar, en marzo de 1962. Tres años más tarde, en 1965, se prohibió la producción y emisión de programas de la radio y televisión en el idioma de esta minoría musulmana. Desde entonces, poco a poco se aumentaron las presiones y limitaciones sociales, así como se cambiaron los nombres locales de la población. Lo peor de todo para los rohingyas comenzó en 1982 con la puesta en marcha de la ley de derechos de la ciudadanía. En aquel año, les denegaron la nacionalidad a miles de esta minoría de la noche a la mañana y así esa comunidad musulmana fue excluida de muchos de sus derechos y libertades. Esta ley afectó incluso a quienes habían vivido por décadas en este país y por si fuera poco sus hijos fueron excluidos de los servicios de salud y educación. Por ejemplo, no se ejecuta la vacunación de los niños en las zonas de residencia de rohingyas y solo pocas escuelas funcionaban, de forma no oficial, para educar a sus niños.

Cabe mencionar que dichas limitaciones y presiones se realizaban incluso cuando no había ninguna crisis o conflicto en este país. De hecho, la política oficial del gobierno birmano reside en que los rohingyas no pertenecen a Myanmar y que han venido de Bangladés. En este mismo contexto, en sus declaraciones oficiales califican a esta minoría de bengalíes. En las últimas décadas, el gobierno birmano solo ha concedido la nacionalidad a aquellos que han cambiado su religión y de esta forma el resto de la población rohingyas permanece en una situación ambigua y por las crisis como la que ocurrió en 2012 o la que estamos viendo ahora, han tenido que escapar de la violencia sistemática.

Éxodo masivo

Cada día, cada hora y cada segundo está aumentando drásticamente el éxodo rohingya que huye de la violencia del ejército en Myanmar. En tan sólo dos semanas se duplicó la cifra de asesinatos, superó 1000, y los que han huido, son unos 400 mil. Se trata de una comunidad musulmana que está siendo exterminada en Myanmar, que le disparan, que le queman sus casas y que ni siquiera tiene derecho ni a ser nombrada.

Hace unos meses, durante la primera fase de la actual campaña militar, un duro informe elaborado por una comisión de investigación de la ONU detalló, mediante los testimonios de los refugiados, relatos consistentes que apuntaban a masacres, asesinatos de civiles -entre los que se incluían menores y bebés- y violaciones sistemáticas, a menudo en grupo, de mujeres rohingya.

Las organizaciones pro derechos humanos están criticando lo que está pasando contra esta minoría pero en práctica no ha pasado nada. Lo peor de todo es que la principal co-responsable de esta barbarie es, paradójicamente, la premio Nobel y actual dirigente birmana Aung San Suu Kyi, a quien el Arzobispo Desmond Tutu dedicó una carta para que cesase las hostilidades: "Mi querida Aung San Suu Kyi. Yo ya estoy viejo, decrépito y formalmente retirado, pero rompo mi promesa de permanecer en silencio por la profunda tristeza que me causa la situación de la minoría Rohingya".

Suu Kyi, es quien recibió el premio Nobel de paz por su propagandística y organizada supuesta lucha por los derechos humanos -con una biografía hecha a medida que oculta su raíz y fortuna filojaponesa y genocida-, ahora dice que derechos humanos no es su prioridad y se ha convertido en fiel aliada de los dictadores y es ahora parte del problema de derechos humanos en su país. Y para el colmo esta autoridad ha impedido la entrada de la misión de las Naciones Unidas aprobada "con carácter urgente", el pasado marzo, para investigar la violencia en este país y, en especial, los presuntos crímenes contra la Humanidad cometidos por las fuerzas de Seguridad contra la minoría rohingya.

Doble estándar de los Derechos Humanos

De hecho, falta de identidad de más de un millón y trecientas personas de una minoría es un gran problema del sistema jurídico y de derechos humanos del mundo. En este contexto, cabe señalar los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: "Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de Creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia. Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión".

Además el artículo 15 de la declaración universal de derechos humanos señala: Toda persona tiene derecho a una nacionalidad. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad. Ante esta situación, el organismo cuyo deber es "aparentemente" salvaguardar los derechos humanos y la paz en el mundo, es decir, la ONU, solo se ha limitado a manifestar unas declaraciones en condena de esta limpieza étnica.

En este contexto, el secretario general de la ONU en unas palabras neutras dijo: "Las injusticias que se han dejado agravar durante décadas han escalado ahora más allá de las fronteras de Myanmar desestabilizando la región. La situación humanitaria es catastrófica".

Incluso, EEUU que intenta presentarse como principal defensor de derechos humanos en vez de actuar para aliviar el sufrimiento de los rohingyas, está debatiendo en el Senado una ley de gastos de defensa que podría ampliar la cooperación de la Departamento de Defensa estadounidense (Pentágono) con el Ejército de Myanmar, acusado de decapitar y quemar vivos a niños rohingyas.

Esto mientras, cuando pasa algo mil veces menor que esta tragedia humana, los alegadores de la defensa de derechos humanos entran en escena y mantienen reuniones de emergencia y aprueban diferentes resoluciones para imponer sanciones asfixiantes para detener la tragedia. Así que parece que el éxodo masivo y la masacre de los rohingyas aún no contradicen los intereses de las superpotencias para actuar.

Con todo lo expuesto se puede señalar que estamos viviendo en un mundo lleno de discriminación y desigualdad. Desde hace tiempo existe la declaración universal de derechos humanos, no obstante, casos como el de los palestinos, rohingyas, yemeníes, sudaneses, entre otros, siguen vigentes y mientras no está dañando los intereses de las superpotencias no hay medidas concretas. Por lo tanto, lo único que se puede hacer es realizar protestas, marchas y solidarizarse con los oprimidos para obligar a los gobiernos a hacer algo, informa HispanTv.

El gobierno de Aung San coloca minas en la frontera para impedir regresar a los expoliados rohingyas
Birmania ha colocado minas terrestres a través de una sección de su frontera con Bangladesh, dijeron dos fuentes del gobierno en Dhaka, añadiendo que el propósito es prevenir el retorno de los musulmanes Rohingya que huyen de la violencia budista y la represión y robo de tierras por el gobierno oligárquico de Aung San Suu Kyi.

Myanmar: la nazi Aung San bloquea toda la ayuda de la ONU a los civiles
Myanmar, gobernada por la oligarca y "premio Nobel de la Paz" de la OTAN Aung San Suu Kyi, hija de quien la sometió al invasor nipón durante la II Guerra (ambos en la foto), ha bloqueado todas las agencias de ayuda de las Naciones Unidas que entregan suministros vitales de alimentos, agua y medicinas a miles de civiles desesperados en medio de una sangrienta campaña militar de genocidio contra los musulmanes.

La genocida Aung San, "premio nobel de la paz" como tantos asesinos de la OTAN
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EEUU: 80 detenidos en protestas por racismo policial en St. Louis
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