dijous, 28 de setembre de 2017

Editorial: El referéndum no es una fiesta sino una batalla

Agencia Sírius: El referéndum del 1-O no es la obsesión de un pequeño grupo de delirantes o de una oligarquía empapelada en los tribunales y en desesperada huida hacia la impunidad sino la voluntad justa y democrática de un pueblo hastiado por un sistema injusto y corrupto desde sus raíces hasta sus más elevadas cimas jerárquicas, en el que un gobierno de ladrones traiciona impunemente su programa electoral y a su propio electorado con medidas contrarias a las promesas y programas sin que pase nada de nada. El referéndum es un grito de "basta" contra un régimen y un estado ilegales, fruto de una dictadura aún latente y corrupta desde sus más altas esencias legislativas y judiciales hasta sus instituciones municipales y el corazón de la escuela pública. Es el referéndum que negó la monarquía y que sigue prohibiendo en Euskal Herria, Galizia, Andalucía o Cataluña el derecho democrático e irrenunciable a la libre autodeterminación de los pueblos.

Es el referéndum arrebatado sobre la elección del sistema político, esta impuesta herencia monárquica del fascismo golpista y falangista o una Tercera República que imponga la isotemía -igualdad jurídica de los ciudadanos ante la ley- en esta parcela de caciques latifundistas medievales. De una vez por todas.

Es un referéndum por una ley electoral justa y proporcional, en definitiva democrática, en vez de la burla y el tocomocho zarzuelero con que nos pastelean los clanes monárquicos del PP-PSOE y sucursales bancarias periféricas, repartiéndose el presupuesto en prebendas, salarios astronómicos y corrupciones a tutti confetti con sus primos banqueros y cardenales. Después, claro, no queda para pensiones ni salarios, ni educación ni sanidad, pero sí para mantener sectas mafiosas y sus centros de educastración.

Es el referéndum contra una política basada en mentiras sobre hechos como la especulación y la estafa bancaria (eso que ellos llaman crisis), sus causantes y beneficiarios, la impunidad con que son tratados por un gobierno de incompetentes y lo que de ello se infiere: definir España -y aliados, la UE al completo- como una democracia es un insulto a la decencia y la inteligencia pues, por todo lo destacado y más, es una plutocracia aristocrática donde unos privilegiados tienen patente de corso y el resto se someten como clientes, satisfechos con las migajas del amo, o son perseguidos como esclavos fugitivos, privados de derechos civiles y aún de reconocimiento humano.

Es un referéndum contra una ley antidemocrática e hipócrita, la de "Partidos", que criminaliza a los pueblos y sus naciones y santifica en el mismo saco a las víctimas inocentes causadas por el conflicto con un estado intolerante y absolutista y a los siervos de la represión, mientras ignora los cientos de miles de víctimas del franquismo y protege y premia a sus verdugos.

Es el referéndum contra el pasado que nos quieren seguir falseando y la vida futura que nos roban, a nosotros y las generaciones venideras, a cambio de miseria, tristeza, cansancio, desesperanza, impotencia y sumisión. Como las de tantos que en el metro, en el piso que les embargaron, con el gas antes de que se lo corten o con matarratas, llenan las morgues de suicidados en la católica España y entre sus españolitos fieles y creyentes, engañados, violados, sometidos e insultados sin que nadie, ni dios ni sus lujuriosos representantes, protesten desde sus púlpitos de mármol y sus altares de oro y pedrerías robados, desde las togas púrpuras y los vestidos cardenalicios a 2 millones de euros por modelito... ¡Y sin contar la lencería! Ni siquiera son mencionados en las hojas parroquiales, preocupadas por los abortos pero no por los que no nacerán porque no hay con qué mantenerlos...

Es un referéndum por un estado racional, científico, humano y contemporáneo y contra el mantenimiento de una estructura medieval, obsoleta y podrida, basada en el esclavismo y la superstición, y en el control del capital y las riquezas del país por un pequeño grupo de rapaces sin ética, moral ni dignidad y sus bien pagados lacayos.

Es un referéndum, pues, para el ser o no ser. Para aceptar el silencio y avergonzarse mañana ante nuestros hijos, por lo que callamos cuando podíamos gritar todavía, o para salir y clamar bien alto, hasta la afasia: Que somos muchos y que seremos aún más. Y que decidiremos entre todos lo que debemos ser, sin que tenga que venir impuesto desde el Olimpo de unos dioses caducos y sus paredros monarcas anacrónicos y reaccionarios, sobre cuyas tumbas ya danzaban, de la mano, Nietzsche y Zaratustra.

Vicenç Navarro: La necesaria movilización de las fuerzas democráticas frente a los herederos del franquismo
El coste de la desmemoria histórica: La escasa recuperación de la Memoria Histórica en los círculos políticos, mediáticos e incluso académicos españoles explica que no se haya corregido la tergiversada historia de este país, tergiversación que continúa dominando el relato del pasado y del presente. No hay plena conciencia ni hay pleno reconocimiento, por ejemplo, de que la Guerra Civil fue un golpe militar contra un sistema democrático gobernado por unas fuerzas políticas promotoras de reformas urgentes y necesarias que estaban afectando los intereses de las clases privilegiadas y dominantes que, siendo una minoría de la población, necesitaron de una enorme y cruel represión frente a la mayoría de la población, que eran las clases populares.

The Nation (EEUU): ¿Han alcanzado España y Cataluña un punto de no retorno?
Publica The Nation (EEUU): La amarga lucha por un referéndum de independencia ha llevado al país a una grave crisis constitucional. El domingo 17 de septiembre, Juan Ignacio Zoido, ministro español del interior de Twitter, publicó un extraño video en su feed. El clip de 24 segundos mostraba decenas de cajas que las autoridades habían capturado, la mayoría aún en su embalaje original, ubicado en un almacén indescriptible. ¿Habían encontrado drogas? No. ¿Dinero? Tampoco. Cuando la cámara se acercó, mostró un cartel con un "Sí" en negrita, en letras mayúsculas. La policía española había confiscado 1.3 millones de carteles, folletos y panfletos que piden un voto "Sí" en el próximo referéndum catalán sobre la independencia, que está previsto que tenga lugar en toda la región el 1 de octubre.

España sin Cataluña: aislada y en la miseria
Mucho se ha especulado sobre cómo sería una Cataluña sin España: que si sería una isla fuera de Europa, que si habría huída de capitales e inversión, que si su economía se hundiría por los gastos que debería afrontar para dotarse de estructuras nacionales, que si habría hiperinflación por tener que crear una moneda propia... Sin embargo, no se ha tratado demasiado cómo sería una España sin Cataluña. A grandes rasgos, perdería 7,5 millones de habitantes (y contribuyentes) y unos 212.000 millones de euros de PIB, por no hablar de las importaciones, de la conexión mediterránea con Francia o de los recursos naturales e hídricos que desaparecerían -desde la desembocadura del Ebro hasta buena parte del Pirineo-.

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