dilluns, 23 d’octubre de 2017

Catalunya, entre la independencia y la sumisión al fascismo

La Mesa del Parlament se reúne hoy a las 10.30 para fijar el pleno solicitado por Puigdemont. Se apunta al viernes, el mismo día en que caerá sobre todas las instituciones catalanas la espada de Damocles del 155. Hay tres opciones evidentes a debate, con sus pros y contras: proclamar la República, elecciones plebiscitarias o esperar/resistir al rodillo. La mayoría política española hizo piña y fijó posición el sábado: 155 extremo contra Catalunya. La mayoría política catalana tiene un máximo de cinco días para tomar su gran decisión y necesita hacerlo también desde la unidad. Tras las fuertes emociones del sábado, ayer domingo era buen día para retirarse a reflexionar. Y hoy lunes, la agenda de la semana clave se pondrá en marcha con una primera deliberación relevante: cuándo se convoca el pleno reclamado por el president Carles Puigdemont y en el que tiene que plasmarse esa decisión crucial.

Los órganos de dirección del Parlament lo abordarán a las 10.30. Se baraja que el pleno sea convocado el viernes, es decir, el mismo día en que el Senado validará el artículo 155, que será aplicado de manera inmediata. A partir de ahí, el Govern y el Parlament serán asaltados desde Madrid. Tampoco cabe confiarse antes: recordemos que el pleno convocado el 9 de octubre ya fue suspendido por el Constitucional –mediante un recurso del PSC– argumentando que en él se iba a aprobar la independendencia. Se desconvocó y se logró realizar otro de diferente tenor el 10, en el que Puigdemont enunció la República catalana y luego la suspendió.

¿Se levantará ahora esa suspensión y se activará la independencia? Es una de las tres grandes opciones existentes a priori. Toca una vez más leer con lupa cada declaración de los miembros del Govern. Y ahí pareció tajante ayer el conseller de Asuntos Exteriores, Raül Romeva, que en un acto de homenaje a republicanos fusilados por el franquismo aseguró que «hoy más que nunca la República no es solo una opción, sino una absoluta necesidad de supervivencia». Añadió que «ante el fascismo no valen equidistancias ni concesiones» y anticipó sobre el 155 que «no nos dejaremos arrastrar a una arbitrariedad, por mucho que algunos quieran maquillarla de legalidad».

En un espacio más sosegado, una entrevista a Rac1 y no un mitin contra la represión franquista, el titular de Presidencia, Jordi Turull, fue mucho menos expresivo. Destacó la responsabilidad de «defender las instituciones catalanas, la Historia nos ha condenado a ello». Subrayó que «estamos en un momento muy trascendente». Y añadió que se decidirá «con corazón y cabeza», pero en ningún caso «con el estómago».

Todo hace indicar que la decisión está abierta y que será tomada básicamente por Puigdemont tras escuchar todas las voces necesarias, como afirma que hizo el 10 de octubre. Desde entonces han cambiado las cosas. El propio president vino a asumir en la declaración del sábado que el diálogo con Madrid, al que quiso abrir la puerta con aquella suspensión, está ya descartado. La hipótesis de una mediación internacional también se ha desvanecido claramente en estas dos últimas semanas. Y la amenaza de ese 155 tan duro acorta los tiempos y parece obligar a una respuesta igualmente contundente.

Pros y contras

Admitió Turull que hay «diversos escenarios sobre la mesa». Básicamente son tres, pero tampoco cabe subestimar la capacidad de imaginación de la mayoría catalana para crear otros ahora invisibles, probada ya muchas veces. La primera que viene obviamente a la cabeza es levantar la suspensión de la independencia. Supondría el cumplimiento lógico del resultado del referéndum del 1-O y un aldabonazo internacional (más de 400 periodistas extranjeros llegaron el 10 al Parlament con esa expectativa), pero por contra ahuyentaría a aliados políticos como los comunes en Catalunya o Iñigo Urkullu en Euskal Herria y tendría el riesgo añadido de acabar siendo un brindis al sol.

La convocatoria de elecciones por parte de Puigdemont (con o sin declaración de independencia paralela) aflora como una especie de salida intermedia, pero cada vez muestra menos viabilidad. Turull aseguró ayer que no está sobre la mesa del Govern en este momento. Y Rajoy no respondió el sábado a la pregunta de si esta opción paralizaría la ejecución del 155, por lo que el president podría encontrarse con que toma una medida que luego Madrid veta y que le retrata como un dirigente en busca de válvula de seguridad.

La tercera opción a la vista, quizás más arriesgada incluso que las dos anteriores, es no tomar iniciativa alguna y limitarse a resistir el atropello español, asumiendo críticamente el 155, intentando ganar las elecciones que dice Madrid que convocará en unos meses y buscando de alguna manera el efecto bumerán. El problema a estas alturas es que la exposición de Rajoy el sábado no deja lugar a autoengaños: incluso en el caso –perfectamente posible– de que el soberanismo catalán ganase unas elecciones autonómicas con mayor margen que en 2015, avanzar hacia la independencia seguiría estando vetado y perseguido en el asfixiante marco español. Y hay un montón de procedimientos judiciales abiertos con los que ir haciendo marcaje permanente a todos los activos del independentismo, desde gobernantes a activistas civiles o simples profesionales del país, informa Naiz.

Lombardía y Véneto exigen más autonomía con un sí en los referéndums
Los referéndums consultivos celebrados ayer en las regiones norteñas italianas de Lombardía y Véneto confirmaron los pronósticos sobre el apoyo abrumador a una mayor autonomía. Un 95% de los lombardos votó a favor de que su región obtenga más competencias y más financiación, según los resultados parciales y las proyecciones conocidos anoche.

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Unas 450.000 personas, según la Guardia Urbana, se han manifestado esta tarde en Barcelona para pedir la liberación de los presidentes de Omnium, Jordi Cuixart, i de la ANC, Jordi Sànchez.

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